Leyendo con atención las reflexiones sobre el corazón humano escritas por una persona comprometida con el Evangelio, me aventuro a expresarlas en voz alta para tratar de hacerlas parte de mi senda.
"Que nuestro rostro refleje lo que nuestro corazón
atesora"
Viene a mi mente la parábola del tesoro escondido cuyo descubrimiento en la vida de cada uno es un acontecimiento. Los pasos siguientes marcarán el rumbo de cada aventura personal.
"Ese jardín que un día nos fue entregado graciosamente, hemos de trabajarlo con
humildad y valientía..."
Con los dones que el Espíritu derrama sobre ese campo sagrado que personaliza nuestra existencia podemos desarrollar el itinerario por nuestro tiempo definido. Al final del camino quedará la consecuencia de nuestra libertad sobre la práctica en el Amor.
"Por sus frutos los conoceréis"
La puerta del jardín tiene el cerrojo en el interior y sólo se abre con la propia voluntad. Es una decisión personal guardar los talentos bajo tierra y esperar a que se consuma la vida mundana; tal vez la opción de desde la fe sea más arriesgada, pero hay experiencias desde la Palabra que auguran horizontes floridos.
Para enriquecer esa aportación personal, mi referente en esta entrada
menciona la Regla de San Benito con esta cita que es un programa
de Vida:
"Si quieres gozar de una vida
verdadera y perpetua, ´guarda tu lengua del mal; tus labios de la falsedad; obra
el bien, busca la paz y corre tras ella´ ".
Una propuesta para iluminar la vida expresando aquello que inspire mi experiencia artístico-espiritual
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domingo, 21 de julio de 2013
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