Pocas horas antes de retirar el árbol navideño del comedor de casa, aún hay tiempo para degustar - como manda la tradición - un exquisito roscón de Reyes. Es un buen momento para hacer balance de unas fiestas entrañables que en ocasiones añoramos en otros periodos del año. Tal vez sea porque es tiempo de encuentros, de detalles, de brindar, comer y celebrar tantas cosas.
Recuerdo cuando hace casi un mes - por la Inmaculada - pusimos el Belén y poco después hicimos nuestro en Nacimiento del Niño. Hoy, en la fiesta de la Adoración de los Magos, cuando tantas personas centran la sobremesa familiar y la tertulia vespertina compartiendo el majestuoso dulce y las sorpresas en forma de obsequio, surge en mi interior la respuesta a la cuestión que me acompaña desde el Adviento: el regalo eres Tú.
Así te entregas con la inocencia de un recién nacido en mi corazón, con la bondad que muestra tu mirada, la delicadeza de tus manos que ofrecen todo y por siempre en forma de Amor. Así eres el Rey, desde la humildad hasta la Cruz, mostrando a quien en ti crea que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Quiero ahora darte gracias, aceptarte, seguirte. Quiero corresponderte con regalos en forma de donación, entrega y compromiso; Tú me harás reconocerte en el entorno cotidiano de mi vida: ¡ Ven, Señor Jesús !
Una propuesta para iluminar la vida expresando aquello que inspire mi experiencia artístico-espiritual
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domingo, 6 de enero de 2013
domingo, 25 de noviembre de 2012
MANIFESTANDO MI MUNDO INTERIOR 5.- SER TAMBIÉN PADRE
Han pasado 24 años desde que me sentí depositario compartido de un presente excepcional: fui padre de una preciosa niña. Durante el embarazo mi esposa y yo la llamamos "regalo de Dios". Pasado el tiempo, ella y su hermana pequeña - con un espacio de siete años - siguen siendo la certeza de que Él confía en nuestra libertad para amar según su modelo. Al fin y al cabo son suyas, como nosotros, creados todos a su imagen y semejanza. Gracias, Padre, por todo y por siempre.
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