Era una tarde cualquiera, eso sí recuerdo que era invierno y hacía bastante frío. Llevaba más de una hora paseando por la ciudad sin rumbo definido, con la agenda desierta de propuestas para consumir tiempo y ocio. Entré en una iglesia que por fuera conocía de memoria, pero su interior era para mí realmente ajeno. En el templo -a media luz- cuatro o cinco personas rezaban en bancos aislados un rosario que sonaba a monotonía. Enseguida apareció a mi paso una primera capilla y allí te encontré.
¿Cómo expresar la sorpresa de recibir en mis ojos - aún más, en mi corazón - tu mirada personal que me interpelaba para que dejara a un lado mi preocupante apatía y dejara transcurrir el tiempo sin control en esa atmósfera sagrada en la cuál de improviso me hallaba inmerso? No sabría decir cómo llegamos a entablar aquel coloquio, pero desde el inicio tuve la percepción de que no era fruto del azar, antes bien un plan intencionado para que hiciera morada en mi corazón el mensaje que ahora atesoro como una gran joya.
Han pasado varios meses desde aquel encuentro no casual y mi corazón sigue acogiendo cada día la propuesta de tenerte siempre presente, así como desde primer segundo sentí tu presencia en aquel santuario mariano. Tú, con el rostro ensangrentado, el costado lacerado, espinas en la frente, manos y pies clavados al madero de mi omisión de Amor. Aquella fría tarde de invierno me confiaste como bagaje cientos de oraciones que creyentes anónimos sintieron expresar ante tu imagen en tantas visitas como la mía.
Desde la paz de tu mirada, sólo pudo hablar mi corazón y en el silencio más sagrado tuve la certeza de que Tú me escuchabas, sin trabas, personalmente, mientras una lágrima sincera recorría mi mejilla hasta la comisura de mis labios que besaron tu frente herida
: sólo entonces pude decirte "gracias". Así lo hago cada vez que siento haber hecho una buena acción, cuando te busco en una iglesia - ahora ya más a menudo-, en el pequeño crucifijo que me acompaña, en la oración que a cada tanto interiorizo para recordarme que estás ahí, siempre, como faro que alumbra para que no encalle en la tentación de cada día.. Desde aquella mirada y su paz ha cambiado mi vida.
Una propuesta para iluminar la vida expresando aquello que inspire mi experiencia artístico-espiritual
Mostrando entradas con la etiqueta mirada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mirada. Mostrar todas las entradas
jueves, 23 de enero de 2014
martes, 3 de septiembre de 2013
ALEGRÍA

Vivir con alegría. Generar lazos y relaciones tales que la lleven por bandera. La alegría contagia, sólo hay que colocarla donde pueda verse, sentirse, palparse. Brota del sentimiento sincero, se lleva bien con el abrazo, la mirada tierna, el detalle cordial. Ofrecida a los demás, la alegría se reproduce y crea estilo. Mucha, mucha alegría para vivir.
sábado, 25 de agosto de 2012
REFLEXIONES PARA EL ALMA. 4.- LA ÓPTICA DIVINA
La mirada bondadosa de Dios puede
manifestarse a través de los vidrios de una rosa circular con vocación
espiritual. La luz natural interpreta la óptica divina que el artista
-instrumento de la Belleza-
puede plasmar en obras imperecederas a lo largo de los siglos.
Todos somos
candidatos a sentir en nuestro corazón esa Bondad que apunta hacia lo eterno y
al mismo tiempo a compartir esas porciones de un todo de Amor que reclama
nuestro entorno.
Todos somos
candidatos a sentir en nuestro corazón esa Bondad que apunta hacia lo eterno y
al mismo tiempo a compartir esas porciones de un todo de Amor que reclama
nuestro entorno.
Etiquetas:
alma,
Amor,
Belleza,
Bondad,
Dios,
eterno,
luz,
manolo guallart,
mirada,
natural,
reflexiones,
siglo
lunes, 26 de enero de 2009
TESTIMONIOS. 3.-LA MIRADA DE LA TERNURA

Era esa situación imprevista, desbocada, difícil de controlar, impredecible pese al caos de relaciones palpable en el ambiente. Ella no tenía más medios que su propio corazón: y ahí fue que lo donó sin reservas. Sin tan siquiera percibirlo, mostró al viejo enfermo postrado en el suelo del hospital abarrotado de espera su mirada de ternura: ello bastó para darle cariño y hasta el comienzo de un nuevo ánimo. En el presente del anciano, hasta ese instante desatendido y con futuro incierto, se vislumbró una nebulosa color esperanza. El inesperado y tardío agradecimiento marcó en la donante de ternura un futuro de nuevas miradas con similar actitud de amor en primera persona, de tú a tú, de nuevas relaciones sinceras con prójimos anónimos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)