Decenas de velas encendidas de la Luz común y muchos jóvenes adorando tu presencia en la Eucaristía. En la intimidad te pedía "paz espiritual" - porque sólo Tú eres Santo - y con la certeza de la acogida que prometes a quien te busca sinceramente dejé caer en el cofre de las súplicas mi ferviente deseo de escucha.
Cierto tiempo más tarde, poco antes de concluir la noche dedicada a proponerte como Vida, surgió ante mí un encuentro inesperado con alguien querido y a la vez lejano. Reconciliar una amistad, dejar en tu misericordia el desengaño que fue una confusión de afectos y con el corazón feliz - el alma plena de tu Amor - volver a contemplar tu santidad en la adoración que sólo Tú mereces.

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